Manifiesto: Salas de menos de 100 personas (voz colectiva)
Las salas independientes de teatro existimos. Existimos en barrios, en esquinas improbables, en segundas plantas, en bodegas adaptadas, en casas viejas que se volvieron escenario. Existimos con aforos de 20, 30, 50 personas. Existimos con trabajo precario, con amor por el oficio y con una convicción profunda: sin salas pequeñas no hay escena cultural viva.
Durante años hemos sostenido programación, formación de públicos y riesgo artístico sin reconocimiento real. Hemos sido tratadas como negocios cuando conviene recaudar, y como proyectos marginales cuando se reparte el apoyo. Demasiado culturales para ser comercio, demasiado privadas para ser infraestructura pública.
El nuevo proyecto de ley cultural nos nombra. Por primera vez, el marco legal reconoce a los espacios culturales privados de acceso público como parte del ecosistema cultural. Eso importa. Pero nombrarnos no basta.
Sabemos que si no nos organizamos, los beneficios seguirán concentrándose en los espacios grandes, en quienes ya tienen estructura, tiempo y músculo administrativo. Sabemos que la fragilidad de las salas pequeñas no se resuelve con discursos amplios, sino con acciones colectivas y enfoque diferencial.
Por eso proponemos unirnos.
Llamamos a los espacios y salas independientes de menos de 100 personas de aforo a reconocernos como un sector específico, necesario y vulnerable. A construir una red que nos permita:
- Hablar con una voz colectiva.
- Defender condiciones justas de funcionamiento.
- Incidir en políticas culturales locales y nacionales.
- Visibilizar nuestro impacto real en los territorios.
No se trata de competir entre nosotros, sino de cuidarnos como ecosistema. Las salas pequeñas son el primer escenario de muchos artistas, pero también son mucho más que eso. Son los lugares donde niñas y niños tienen sus primeras experiencias con el teatro y las artes, donde pueden ver una obra cerca de su casa, sin tener que desplazarse al centro de la ciudad ni pagar costos que muchas familias no pueden asumir.
Las salas independientes de teatro y su papel en los barrios
En estos espacios se foguean jóvenes que están comenzando su camino, artistas que no llenan grandes salas porque no son famosos, sino porque están empezando, y que invitan a sus familias, a sus vecinos, a su comunidad. Públicos que tal vez no siempre pagan una boleta, pero que acompañan, sostienen y creen.
Aquí se forman quienes luego ingresan a la universidad, quienes descubren que el arte puede ser un proyecto de vida. Y también aquí regresan los universitarios a seguir fogueándose, antes —si es que sucede— de llegar a escenarios más grandes. En un país como Colombia, donde muchas trayectorias artísticas permanecen pequeñas, estos espacios no son una etapa menor: son el corazón del proceso.
Este manifiesto nace desde Sala 101, pero no nos pertenece. Pertenece a todas las salas que resisten, programan y abren puertas semana tras semana.
Si haces parte de un espacio o una sala pequeña, independiente, este llamado es para ti.
Unámonos.
Porque las salas de menos de 100 personas no somos un problema a tolerar, sino una fuerza cultural que el país necesita sostener.
Carlos Alfonso
Sala101
